Perro con papada: causas y cuándo preocuparse Skip to content
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Perro con papada: por qué la tienen y cuándo hay que preocuparse

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6 min read · Updated

Hay dos búsquedas muy distintas detrás de las mismas palabras. Una la hace quien tiene un bulldog y quiere saber cómo cuidar esos pliegues. La otra la hace alguien a las once de la noche, mirando el cuello de su perro, que esta mañana no estaba así.

Las dos tienen respuesta aquí, y conviene empezar por separarlas, porque la segunda tiene prisa y la primera no.

Papada y belfos no son lo mismo

En castellano se mezclan constantemente, y en la consulta del veterinario esa confusión cuesta minutos:

  • La papada es la piel suelta que cuelga bajo el cuello y la garganta. En perros de rastro y en molosos forma un pliegue visible que se mueve al andar.
  • Los belfos son los labios superiores colgantes, esa parte que cubre los dientes y que en un basset o un san bernardo llega bastante por debajo de la mandíbula. De ahí vienen las babas.

Muchas razas tienen las dos cosas, y esa es la imagen que la mayoría de la gente tiene en la cabeza cuando escribe «perro con papada». Los cuidados se solapan, pero los problemas no: la dermatitis vive en los pliegues del cuello y de la cara, mientras que las babas y los restos de comida son cosa de los belfos.

Por qué algunos perros tienen tanta piel

No es un capricho estético del criador. En las razas donde el rasgo está fijado, cumple una función que hoy sigue siendo visible.

Concentrar el olor

En los perros de rastro —el sabueso de San Huberto es el ejemplo perfecto— los belfos y las orejas largas hacen de embudo. Cuando el perro baja la cabeza, esa piel canaliza las moléculas de olor del suelo hacia la nariz y las mantiene ahí en lugar de dejarlas dispersarse. Es literalmente parte del equipo de trabajo.

Atrapar aire al nadar

En razas de agua, la papada retiene una bolsa de aire contra el cuello. Ayuda a mantener la cabeza a flote cuando el perro nada largo rato con algo en la boca.

Proteger el cuello

La explicación más incómoda, pero real. En las razas criadas para pelear o para sujetar presa grande, la piel suelta del cuello es una defensa: un mordisco agarra piel sobrante en lugar de músculo, tráquea o vasos. El shar pei y el mastín napolitano llevan esto al extremo.

Razas con papada y belfos marcados

  • Basset hound. Corto, pesado y con la piel del cuello sobrada. Tranquilo en casa, cabezota fuera. Baba considerable.
  • Sabueso de San Huberto (bloodhound). El campeón absoluto de la categoría. Piel, orejas y babas en cantidades industriales, todo al servicio del olfato.
  • Bulldog inglés y francés. Pliegues en la cara además del cuello, y ahí está la mayor parte del mantenimiento.
  • Bullmastiff, mastín napolitano, dogo de Burdeos. Piel abundante en cuello y cabeza; el napolitano es el más extremo de los tres.
  • Gran danés. Papada moderada, babas nada moderadas.
  • Bóxer. Belfos marcados con papada discreta.
  • San Bernardo y terranova. Perros grandes de trabajo, ambos con belfos generosos.
  • Shar pei. Caso aparte: los pliegues cubren todo el cuerpo del cachorro y se reducen bastante al crecer.
  • Chow chow. Papada disimulada bajo el pelaje, lo que la hace fácil de olvidar al revisar.
  • Sabueso español. La versión ibérica del perro de rastro, con la piel del cuello suelta y el mismo trabajo detrás.

El mantenimiento, en un piso

Un pliegue de piel es un sitio cálido, oscuro y húmedo. Es decir, exactamente donde crecen bacterias y levaduras. La afección se llama dermatitis de los pliegues (intertrigo) y no es rara: es lo habitual en cuanto se descuida.

Vivir en un piso cambia dos cosas. La calefacción reseca y luego el perro suda por las almohadillas y jadea más, así que el pliegue está húmedo más rato. Y el paseo es corto: menos tiempo al aire y más tiempo en un salón a veintitrés grados.

Lo que funciona, sin comprar nada raro:

  • Abrir el pliegue y mirar dentro, dos veces por semana. No basta con pasar la mano por encima. Se separa la piel y se mira. Rojo, olor agrio, humedad permanente o pelo apelmazado son la señal de que hay que actuar.
  • Limpiar con una gasa húmeda y secar bien. El secado importa más que la limpieza. Si dejas el pliegue húmedo, has empeorado la situación. Una gasa seca después, sin frotar fuerte.
  • Nada de alcohol ni de toallitas perfumadas. Irritan una piel que ya está fina. Si hace falta algo más que agua, que lo indique el veterinario.
  • Después de beber y de comer. Un perro con belfos deja medio bebedero en el cuello. Un paño rápido evita la mitad de los problemas.
  • Cuencos anchos y poco profundos para que los belfos no se metan dentro, y una alfombrilla debajo si te importa el parqué.
  • Después del paseo bajo la lluvia, secar el cuello igual que las patas. En invierno, es la causa número uno de irritación en estas razas.

Cuándo esto no es la papada: señales para ir al veterinario

Todo lo anterior habla de piel que lleva ahí toda la vida del perro. Si la hinchazón es nueva, la conversación cambia por completo.

Urgente, el mismo día:

  • Hinchazón que aparece en horas, sobre todo si el perro estuvo fuera. Suele ser una reacción alérgica o una picadura de avispa o abeja. Si además se le hincha la cara, tiene ronchas, vomita o respira raro, es una urgencia y no admite espera.
  • Zona caliente, dolorosa y blanda, con o sin fiebre y decaimiento. Puede ser un absceso, muchas veces por una herida de pelea o por algo clavado.
  • Cualquier hinchazón del cuello que altere la respiración o la deglución. Al veterinario, sin darle vueltas.

Cita en pocos días:

  • Bultos firmes, simétricos, bajo la mandíbula. Ahí están los ganglios linfáticos submandibulares. Agrandados pueden significar una infección de boca o de garganta, pero también algo más serio, y solo se distingue examinándolos.
  • Un bulto único que crece, aunque no moleste. En un perro mayor, esto se mira, no se vigila desde el sofá.
  • Piel del pliegue en carne viva, con costras o mal olor persistente pese a la limpieza. Es una infección instalada y necesita tratamiento, no más gasas.

Un matiz que ahorra sustos: en los cachorros, la piel del cuello suelta es completamente normal. Están hechos para que su madre los transporte por ahí. Esa piel se ajusta al crecer.

Preguntas frecuentes

¿Tener papada significa que mi perro está gordo?

No necesariamente. En un basset o un bulldog es anatomía de raza. Pero el sobrepeso sí añade grasa en el cuello, y en un perro que antes no la tenía, ese cambio merece una mirada al peso. La prueba de las costillas sigue siendo la más fiable: deberías notarlas con la mano plana, sin apretar.

¿Se puede quitar quirúrgicamente?

Existe, pero solo tiene sentido cuando la piel provoca problemas reales y recurrentes —infecciones crónicas o pliegues faciales que rozan el ojo—. Por estética, ninguna razón lo justifica.

¿Todos los perros con papada babean mucho?

Babea el que tiene belfos grandes, no el que tiene papada. Un chow chow tiene papada bajo el pelo y apenas babea; un gran danés te deja el sofá empapado.

¿Con qué frecuencia hay que limpiar los pliegues?

Dos veces por semana como base, a diario si el perro tiene la piel sensible o si ya has tenido un episodio de dermatitis. En verano, más.

¿Se puede usar polvos de talco para mantenerlo seco?

Mejor no. Los polvos se apelmazan con la humedad y acaban formando una pasta dentro del pliegue, que es justo lo contrario de lo que quieres. Secar bien es suficiente.

Lo que hay que retener

Piel que lleva ahí desde siempre: rutina de revisar y secar, y ya está. Piel que ha cambiado esta semana: eso no es la papada, es otra cosa, y se mira.

Este artículo está disponible también en inglés: Dog Jowls: Everything You Need to Know.

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